10 Nuestro SeA�or y Su Biblia
Capítulo 10 Nuestro Señor y Su Biblia Nuestro Señor dijo otras cosas acerca de la Biblia que mostraban su confianza absoluta en ella.
Su confianza habría sido injustificada si la Biblia contuviera errores.
El Canon. Canon quiere decir una vara de medir, y así metafóricamente, una pauta. Fue usado primero por Atanasio refiriéndose a aquellos libros que llenaron ciertos requisitos y fueron considerados como parte de las Sagradas Escrituras. El criterio usado parece claro, y aunque el resultado de aplicar estos criterios llevó algo de tiempo en salir a la luz, el número actual de libros que pertenecen al canon de la Biblia no está en disputa, por lo general, con una excepción.
Y esa excepción, por supuesto, son los apócrifos del Antiguo Testamento. Consisten de catorce o quince libros, dependiendo si las cartas de Jeremías y Baruc están separadas o contadas como una. Escritos mayormente después Deuteronomy 200 años a. C. los libros apócrifos recibieron varios grados de aprecio pero nunca fueron considerados al nivel de los libros canónicos del Antiguo Testamento hasta que la iglesia Católica Romana oficialmente pronunció en el Concilio de Trento en 1546 que once de ellos eran canónicos.
Nuestro Señor tuvo algo que decir en cuanto a la extensión del canon del Antiguo Testamento, su Biblia. Cuando condenó a los líderes de los judíos por haber matado a los mensajeros de Dios durante el tiempo del Antiguo Testamento, él los acusó de derramar la sangre de los justos desde Abel hasta Zacarías (Matthew 23:35; Luke 11:51). El asesinato de Abel se encuentra en Génesis 4, y el asesinato de Zacarías se relata en 2 Crónicas 24, el cual, según el orden de los libros en el canon hebreo es el último libro (como Malaquías en el nuestro). En otras palabras, el Señor estaba diciendo, “Desde el primer asesinato hasta el último en la Biblia”. Hubo, por supuesto, otros asesinatos registrados en los libros apócrifos, pero el Señor no escogió incluirlos en aquellos que él citó. Aparentemente, él no consideró a los libros apócrifos de igual autoridad como los libros de Génesis hasta 2 Crónicas. De modo que, en una frase, él dejó a todos saber lo que él consideraba fueron las Escrituras canónicos del Antiguo Testamento.
Su tentación. La historia de las tentaciones de nuestro Señor revela algunos asuntos importantes respecto a su punto de vista de la Biblia.
1. Jesús aceptó la inspiración plenaria de la Biblia. Primeramente cuando el diablo se le acercó e insinuó que de las piedras hiciera pan, nuestro Señor contestó que el hombre vive de toda palabra que procede de la boca de Dios. (Matthew 4:4, citando Deuteronomy 8:3). El no dijo
“algunas palabras” sino “toda palabra”. Si la Escritura está exhalada por Dios (2 Timothy 3:16), entonces hay que incluir las Escrituras en lo que sostiene al hombre, no solamente unas partes, sino el total de las Escrituras.
La segunda tentación también ilustra la importancia de la inspiración plenaria. Satanás tentó al Señor a tirarse del pináculo del templo al asegurarle de la promesa del Psalms 91:11-12 que los
ángeles de Dios le guardarían. Pero al citar estos versículos Satanás pasó por alto una parte del versículo 11: “te guarden en todos tus caminos”. La omisión tuerce el sentido de la promesa que Dios guardará al justo en sus caminos, no que él los preservará cuando se arriesgan sin necesidad. Un riesgo innecesario es exactamente lo que Satanás había propuesto a Cristo. El
Señor contestó que confiar solamente en una parte del versículo sería tentar a Dios. En lugar de eso, él confiaría en cada palabra que vino de Dios, incluyendo cada palabra de Psalms 91:11-12.
2. Jesús aceptó la verdad de las proposiciones de la Biblia. Como hemos notado, un punto de vista popular hoy en día ve la Biblia como conteniendo solamente una revelación personal, no una revelación proposicional. Es decir, que la Biblia revela a Dios y a Cristo correctamente, pero lo hace en una relación persona a persona en lugar de declaraciones. Por eso, aunque se puede confiar en el mensaje de la Biblia, en realidad no se puede (ni necesitamos) confiar en las declaraciones particulares ni en las proposiciones de la Biblia. Según este punto de vista, la Biblia testifica a la infalible verdad, pero no tiene que hacerlo con declaraciones inerrantes. El indicador, la Biblia, es falible, pero Cristo, a quien señala, es infalible.
Pero la respuesta de Cristo al ataque de Satanás niega este punto de vista. El dijo: “Escrito está”
(Matthew 4:4, Matthew 4:7, Matthew 4:10). El no dijo: “Da testimonio”. El confió en las declaraciones proposicionales para comunicar la verdad en y acerca de ellas mismas y comunicarla sin error.
La historia en el Antiguo Testamento. Nuestro Señor usó incidentes históricos del Antiguo Testamento en una manera que reveló su confianza total en sus hechos históricos.
1. Reconoció que Adán y Eva fueron creados por Dios, que eran dos seres vivientes, no meramente símbolos del hombre y de la mujer, y que actuaron de cierta manera (Matthew 19:3-5; Mark 10:6-8).
2. Verificó eventos acerca del diluvio en el tiempo de Noé; principalmente que hubo un arca y que el diluvio destruyó a todos los que no estaban adentro (Matthew 24:38-39; Luke 17:26-27).
3. En dos ocasiones distintas, él autenticó la destrucción que Dios hizo a Sodoma, y lo histórico de Lot y de su esposa (Matthew 10:15, Matthew 10:23; Luke 17:28-29).
4. Aceptó como veraz la historia de Jonás y el gran pez (Matthew 12:40).
5. Reconoció la historicidad de Isaías (Matthew 12:17), de Elías (Matthew 17:11-12), de Daniel
(Matthew 24:15), de Abel (Matthew 23:35), de Zacarías (Matthew 23:35), de Abiatar (Mark 2:26), de David (Matthew 22:45), de Moisés y sus escritos (Matthew 8:4), y de Abraham, Isaac, y Jacob (Matthew 8:11; John 8:39).
Hagamos unas conclusiones muy importantes:
1. Cristo no sóloaludióa aquellas historias, sino que también autenticó los eventos de éstas como hechos históricos en que se puede confiar completamente.
2. Aquellos eventos incluyen muchos pasajes controvertidos del Antiguo Testamento - la creación, el diluvio, milagros mayores incluyendo a Jonás y el pez.
Obviamente, nuestro Señor Jesucristo sabía que él tenía una Biblia confiable, veraz históricamente y con cada palabra segura.
