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Chapter 9 of 28

203 Lenguaje Figurado

10 min read · Chapter 9 of 28

CAPÍTULO III LENGUAJE FIGURADO

Aquellas partes de las Santas Escrituras escritas en lenguaje figurado exigen especial cuidado para su inter­pretación. Cuando se emplea una palabra en otro sentido que el que originariamente le pertenece o aplicándola a algún objeto diferente de aquél en que se la usa comúnmente, se la designa con el nombre de tropo. Las necesi­dades y propósitos del lenguaje humano requieren el uso frecuente de palabras en ese sentido trópico.

Cuando a Santiago, Cefas y Juan, se les designan con el nombre de columnas de la Iglesia (Gál. 2: 9) inmediata­mente nos damos cuenta de que la palabra "columna" está usada metafóricamente. Y cuando de la Iglesia mis­ma se dice que está "edificada sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas" (EL 2:20) sabemos que se emplea un lenguaje figurado, presentando a la Iglesia como un casa o templo.

Las operaciones naturales de la mente humana im­pulsan al hombre a rastrear analogías y a hacer compara­ciones. Se excitan las emociones agradables y la imagina­ción se gratifica con el empleo de metáforas y símiles. Aunque pudiéramos concebir un idioma con abundante acopio de palabras como el necesario para expresar todas las ideas posibles, la mente humana aún nos exigiría el comparar y contrastar nuestros conceptos; y ese procedimiento pronto necesitaría una variedad de figuras de lenguaje. Es tan grande la parte de nuestros conocimientos que adquirimos por medio de los sentidos, que todas nues­tras ideas abstractas y nuestro lenguaje espiritual tienen una base material. Es cosa notable la gran cantidad de metáfora que existe en el lenguaje de la vida ordinaria; metáforas cuyo origen hemos olvidado en gran parte, si no del todo.

Las fuentes principales del lenguaje figurativo de la Biblia las constituyen el aspecto física de la Tierra San­ta, los hábitos y usos de sus antiguas tribus y las formas del culto israelita. Por consiguiente, deben estudiarse con esmero todas esas fuentes a fin de poder interpretar las partes de las Escrituras escritas en lenguaje figurado. Asi como discernimos una providencia divina en el uso del hebreo, el caldeo y el griego, como los idiomas de la reve­lación inspirada por Dios; y así como creemos que la progenie de Abraham, por la línea de Jacob, fue el pue­blo divinamente escogido para recibir y conservar los oráculos de Dios; así también es dable creer que la Tie­rra prometida constituyó un elemento .esencial en el pro­ceso de desarrollar y perfeccionar la forma retórica de los registros sagrados. Dice un respetable autor: "No es fic­ción ni extravagancia calificar a esa tierra, de microcos­mo, -un pequeño mundo en sí misma, abarcando todo aquello que en el pensamiento del Creador sería necesa­rio para desarrollar el lenguaje del reino de los cielos. Ni es fácil concebir cómo pudiera haberse alcanzado el fin propuesto sin una tierra semejante provista y adaptada, como ésta lo estaba, por la providencia de Dios. Todo ello era necesario,- montaña y valle, colina y llanura; lago y río, mar y horizonte, verano e invierno, siembra, cose­cha, árboles, arbustos y flores, bestias y aves, hombres y mujeres, tribus y naciones, gobiernos y religiones falsas y verdaderas, y otras innumerables cosas, sin ninguna de las cuales era posible pasarse. Imaginad, si podéis, una Biblia en la que se omitiera todo eso, o en la que se substituyeran por otras algunas de las cosas esenciales que contiene, -una Biblia sin patriarcas ni peregrina­ciones, sin la esclavitud de Egipto y la correspondiente li­beración, sin Mar Rojo ni Sinaí, sin el Desierto con todas las escenas e incidentes del viaje de los israelitas por él; sin un Jordán con un Canaán al lado opuesto, o sin un Mar Muerto con Sodoma abajo; sin el Moriah con su templo, sin Sión con sus palacios y en sus suburbios el Hinnom con el fuego y el gusano que nunca terminan. ¿De dónde habrían salido nuestros cánticos y salmos divi­nos si los poetas sagrados hubiesen vivido en un país sin montañas ni valles, donde no hubiese habido llanos cu­biertos de grano ni campos ricos en verdor, ni colinas con olivos, higueras y viñedos? Todo es necesario, y todo pres­ta buen servicio, desde los alcornoques de Basán y los cedros del Líbano hasta el hisopo que brota en los mu­ros. La diminuta semillita de mostaza tiene su moral y los lirios sus bellas lecciones. Las espinas y abrojos pro­claman amonestaciones y avivan tristes recuerdos. Las ovejas y el aprisco, el pastor y su perro, el asno y su dueño, el buey y su aguijada, el camello y su carga, el caballo con’ su cuello revestido de trueno; leones rugientes, lobos ra­paces, zorros destructores, ciervos que braman por arro­yos, corzos alimentándose entre los lirios, palomas en los huecos de sus palomares, gorriones en las azoteas, cigüe­ñas en el cielo, águilas apresurándose sobre sus presas; cosas grandes y cosas pequeñas; la industriosa abeja -apro­vechando toda hora solar y la precavida hormiga alma­cenando durante la cosecha, -nunca demasiado grande para su uso, aunque demasiado pequeña para prestar. Estas no son más que muestras, tomadas al azar, de entre un mundo de ricos materiales; pero no olvidemos que to­dos ellos se hallan en esta tierra, donde había de hallar­se y enseñarse el dialecto del reino espiritual de nuestro Dios".

Los mismos principios generales mediante los cuales establecemos el sentido histórico-gramático se aplican también a la interpretación del lenguaje figurado y nun­ca debiéramos olvidar que las porciones de la Biblia más llenas de lenguaje figurado son tan ciertas y veraces co­mo los capítulos más prosaicos. Las metáforas, alegorías, parábolas, y símbolos son formas divinamente escogidas para presentar los oráculos de Dios y no debemos supo­ner que su significado sea tan vago e incierto que se haga imposible el describirlo. En conjunto, creemos que las partes de lenguaje figurado de las Escrituras no son tan difíciles de entender como muchos se han imaginado. Mediante un discernimiento cuidadoso y juicioso, el intér­prete debe procurar determinar el carácter y propósito de cada tropo particular y explicarlo en armonía con las leyes ordinarias del lenguaje y el plan, objeto y contexto del autor.

Todas las figuras de lenguaje se fundan sobre alguna semejanza o relación que diferentes objetos guardan en­tre sí; y en los estilos que se distinguen por su rapidez y brillantez a menudo acontece que se coloca a la causa en lugar del objeto o viceversa; o se usa el nombre de un sujeto cuando sólo quiere uno referirse a alguna circuns­tancia accesoria o asociada. Este cambio y substitución de un nombre por otro (metonimia) da al lenguaje una fuerza y potencia imposibles de alcanzar de otra manera. Así se representa a Job, diciendo: "Mi saeta es gravosa" (Job 34:6). Es evidente que por saeta quiere darse a en­tender la herida ocasionada por una saeta y se hace alu­sión al capítulo 64, donde se representa a las amargas aflicciones de Job como ocasionadas por las saetas del Todopoderoso. Así también, en Lucas 16:29 y 24:27 se dice, Moisés y los profetas para designar los escritos de los cuales ellos fueron autores. A veces se usa el nombre de un patriarca para significar su posteridad (Gén. 9:27; Amos 7:9) .

Otro uso de esta figura ocurre cuando se coloca al­guna circunstancia o idea accesoria o asociada en lugar del objeto principal, y viceversa. En Oseas 1:2, está escrito: "La tierra se dará a fornicar", usándose la pala­bra "tierra" para dar a entender el pueblo que la habi­taba. En Mateo 3:6, se habla de Jerusalén y Judea, que­riendo decir con ello la gente que habitaba esos lugares.

Los siguientes ejemplos ilustrarán la manera cómo se usa lo abstracto por lo concreto: "Justificará por la fe la circuncisión y por medio de la fe la incircuncisión", (Romans 3:30) . Aquí la palabra "circuncisión" designa a los judíos y "la incircuncisión", a los gentiles. Y Pablo dice a los efesios (5:8) con gran fuerza de lenguaje: "En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Se­ñor".

Existe otro empleo de esta figura que puede llamarse metonimia del signo y la cosa significada. Así leemos en Isaías 22:22: "Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro y abrirá y nadie cerrará y cerrará y nadie abrirá" Aquí se usa la palabra "llave" como signo de con­tralor sobre la casa, de poder para abrir o cerrar las puer­tas cuando le plazca; y el poner la llave sobre el hombro ,denota que el poder simbolizado por la llave será carga pesada para el que lo ejerza. Compar. Matthew 16:19. En el cuadro refulgente con que Isaías representa la Era Me­siánica (24) describe la completa cesación de las luchas y guerras nacionales con las significativas palabras: "Vol­verán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces".

Otra clase de tropo, muy parecida en su carácter a la metonimia, es aquella en que se pone la parte por el todo o viceversa, un género por una especie o una espe­cie por un género, el singular por el plural y al revés. Así vemos que en Lucas 2:1 se dice: "toda la tierra", signifi­cando el Imperio Romano; y en Matthew 12:40 se dice "tres días y tres noches" para expresar sólo una parte de ese tiempo. Se habla a veces del alma, para indicar la perso­na; (Acts 27:37) de Jefté se dice que fue sepultado "en las ciudades de Galaad", significando, sin embargo, una sola de esas ciudades (Juec. 12:7) . En el Salmo 46:9, se representa al Señor como "que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra, quiebra el arco, corta la lanza y quema los carros de guerra". Aquí, al especificar arco,’ lanza y carro de guerra, es indudable que el Salmista quería representar el triunfo de Jehová como una destruc­ción completa de todo elemento de guerra.

Cosa característica de la mente hebrea era el formar­se y expresar vividos conceptos del mundo externo. Todos los objetos de la naturaleza, cosas inanimadas y hasta ideas abstractas se les miraba como si estuviesen anima­dos de vida y se hablaba de ellos aplicándoles el género masculino o el femenino. Y esta tendencia se nota en to­dos los idiomas y produce la figura de lenguaje que lla­mamos "personificación". La declaración de Números 16:32, de que "la tierra abrió la boca y tragó" a Coré y los suyos, es un ejemplo de personificación; y casos como éste ocurren en las narraciones en prosa. Ejemplos muy notables de personificación se hallan en pasajes tales co­mo el Salmo 114:34: "La mar vio y huyó; el Jordán se volvió atrás. Los montes saltaron como carneros, los co­llados como los corderitos". También leemos en Habacuc 3:10: "Viéronte y tuvieron temor los montes; pasó la inundación de las aguas; el abismo dio su voz y levantó en alto sus manos". Aquí se nos presentan los collados, los ríos y la mar como seres animados de vida. Se les su­pone conscientes y con facultad de pensar, sentir y mo­verse; y sin embargo, sólo se trata del lenguaje conmo­vedor de la imaginación y del fervor poético y todo ello tiene su origen en una intuición intensa y vívida de la naturaleza.

    Hay otra figura muy emparentada con la personifi­cación, a la cual llamamos apóstrofe; se deriva de las pa­labras griegas apó (desde) y stre f o (volver) y denota especialmente el hecho de que el que habla se vuelve de sus oyentes hacia otro lado y dirige la palabra a una persona o cosa ausentes o imaginarias. Cuando el discurso se di­rige a un objeto inanimado, las figuras de personificación y de apóstrofe se combinan en un mismo pasaje. Así pasa con el pasaje citado del Salmo 1:14. Después de personifi­car al mar, al Jordán y a las montañas, el salmista, repentinamente, vuelve directamente hacia ellos su discurso y les dice: "¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás? ¡Oh, montes! ¿Por qué saltasteis como carneros y vosotros collados, como corderi­tos? "El apóstrofe dirigido al caído rey de Babilonia (Isaías 11:9-20) es uno de los ejemplos más atrevidos y sublimes de su especie, en cualquier idioma. Abundan en los pro­fetas ejemplos análogos de discursos atrevidos y apasionados y, como hemos visto, la mente oriental era muy dada a expresar sus pensamientos y sentimientos en este es­tilo conmovedor.

Con frecuencia las formas interrogativas de impre­sión suelen ser la manera más vigorosa de enunciar ver­dades de importancia, como cuando leemos en Hebrews 1:14, acerca de los ángeles: "¿No son todos espíritus minis­tradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de salvación?" Aquí, como por implicación, se considera como creencia indisputada la doctrina del mi­nisterio de ángeles en tan noble servicio. Las interroga­ciones en Romans 8:33-35 nos suministran un estilo suma­mente impresionante de presentar el triunfo de los cre­yentes en las benditas provisiones de la redención. "¿Quién acusará a los escogidos de Dios?..." (En la traduc­ción inglesa, este pasaje es aún más enfático que en caste­llano y, por lo tanto, más hermosa. Recomendamos leerlo en ese idioma). Muy frecuentes y notables son, también, las formas interrogatorias de lenguaje en el libro de Job. "¿No sabes esto que fue siempre desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra, que la alegría de los impíos es breve y el gozo del hipócrita, por un momen­to?" (20:4i). "¿Alcanzarás tu el rastro de Dios? ¿Llegarás tú a describir la perfección del Todopoderoso?" (11:7) . La respuesta de Jehová desde el torbellino (caps. XXXVIII al XLI en muy gran parte, tiene esa forma.

La hipérbole es una figura retórica que consiste en exagerar -o magnificar un objeto más allá de la realidad. Su origen natural se halla en la tendencia propia de las mentes jóvenes e imaginativas, a describir los hechos con los colores más vivos. Es cosa muy natural para una fan­tasía ardiente el describir la apariencia dé los muchos campos de los madianitas y los amalecitas, tal como se la describe en Jueces 7:12: "Tendidos en el valle, como langostas en muchedumbre y sus camellos eran innumera­bles, como la arena que está a la ribera de la mar, en multitud". Otros ejemplos bíblicos de esta figura son los siguientes: "Toda la noche inundo mi lecho, riego mi es­trado con mis lágrimas". (Salmo 6:6). "¡Oh, si mi cabe­za se tornase aguas y mis ojos fuentes de aguas para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! (Jerem. 9:1). "Y hay también, otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de escribir". (Juan 21:25). Esas expresiones exageradas, cuando no se las multiplica, usándolas con indebida fre­cuencia, atraen poderosamente la atención y hacen una impresión agradable.

Otra forma peculiar de lenguaje que mencionaremos sólo de paso, es la ironía, por medio de la cual el que ha­bla, o escribe, expresa lo contrario de lo que quiere decir. Las palabras de Elías a los adoradores de Baal constituyen un ejemplo de la más completa ironía ( Rey. 18:27) . Otro ejemplo lo hallamos en Job 12:1 : "Ciertamente que vos­otros sois el pueblo y que con vosotros morirá la sabiduría". En 1 Corinthians 4:8, San Pablo se permite la siguiente ironía: "¡Ya estáis hartos, a estáis ricos, sin nosotros reináis! ¡Y ojalá reinéis, pra que nosotros reinemos tam­bién juntamente con vosotros". La designación de las treinta piezas de plata en Zacar. 11:13, como "hermoso precio", es -un ejemplo de sarcasmo. Las palabras de burla y de befa de los soldados (Matthew 27:30) y las de los sacer­dotes y escribas (Marc. 15:32) "... baje ahora de la cruz para que veamos y creamos", no son ejemplos apropia­dos de ironía, sino de perverso escarnio y mofa.

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